Otra (de barra)
Me gusta sentarme en la barra, la prefiero ante una mesa que se me antoja aburrida en comparación; desde la alta banqueta se perciben todo tipo de cosas. Observar las caras en paralelo forma una comparativa perfecta, se distingue fácil el estado mental (y emocional) en cada uno de los participantes de ese mundo de copas. Al girar sobre la butaca puedo observar con tranquilidad las secuencias que pasan a mis espaldas, las expresiones que inundan el mar de mesitas que, si el bar es popular y la noche agradable, estarán llenas con amigos, parejas y hasta en algunas, si se entiende del tema, descubrir amantes.
Uno de los detalles que tiene la barra es que incluso estando sola, realmente no lo estoy, siempre hay un barman del otro lado dispuesto a compartir una palabra si lo deseo o guardando un cómplice silencio si estoy acompañada.
Era la segunda velada consecutiva en ese antro, un lugar pequeño pero montado con amor y lleno de espíritu, el sueño de muchos años convertido en realidad. Ese es el estilo de los lugares que me gustan.
Bebimos como si no hubiera mañana; con eso nunca hay garantías así que mejor no correr el riesgo. Mojitos y margaritas ¿cuántos? ¿cuatro? ¿seis? digamos que varios. Hablamos de… ya no recuerdo ninguna conversación, creo que tampoco lo escuchaba ¿diría algo interesante? no lo sé, probablemente, después de todo somos amigos.
Dos asientos más allá, casi dándome la espalda, estaba ella, mujer de barra también. Piel blanca y lozana en contraste perfecto con el pelo negro azabache, la boca roja, los ojos celestes, todo enmarcado en finos rasgos y acompañado de la actitud correcta. Llamó mi atención desde el primer instante. Me gustan las mujeres delicadas con aspecto suave.
Debo haberme detenido tres segundos a mirarla sin disimulo, no más, pero fueron suficientes para que devolviese la mirada. Le resté importancia sin creer que significase algo ¿tal vez complicidad? el marroquí que la acompañaba no le entusiasmaba, eso era claro.
Las puertas del lugar cerraron y dentro quedamos sólo los que brindábamos con el barman, para ese entonces las botellas de vodka rojo y miel quedaron sobre la barra sin que volviesen a guardarse. Dorado y bordeux, dorado y bordeux, así hasta el cansancio, sólo que sin cansarme.
El marroquí se fue junto a todos los demás; blancanieves no. En el lugar quedamos el dueño, mi amigo, ella y yo,
¿Brindamos?
Blancanieves era de Cataluña y nos lo hacía notar con su tonada de terciopelo en los oídos; se inclinaba hacia delante cada vez que pedía otro trago, sabía que le mirábamos el escote cada vez que lo hacía y dejaba entrever un leve desdén ante semejante acto, pero no me importaba, verla me provocaba placer y quería que lo supiese.
Entre todos hablamos de viajes, el mundo, la mar en coche y un poco más, era obvio que los tres estábamos hipnotizados con su belleza; quería toda nuestra atención y lo había conseguido. Los muchachos no sabían que otra pluma mostrar e intentaban desplegarlas lo máximo posible; en cambio yo guardaba silencio y me reía.
El primer hermosa llegó de mi amigo acompañado de un “¿sabías que sos?” a cambio le respondió tomando el pie que colgaba de mis piernas cruzadas, sacó el zapato que lo cubría y pasando sus manos por el arco dijo -esta curva es hermosa, toda ella lo es-. Lo supe en el primer cruce de miradas, pero dejé que mi inseguridad ganase, le gustaba; se había quedado allí por mí.
Recorrí con mis dedos la hondonada de su clavícula y seguí hasta dibujar un círculo en su hombro. Me miró fijo. Dejé que mis labios se posaran justo al lado del bretel para besar esa blanca piel tímidamente. Levanté la vista y sonreí, sentí mi corazón querer escaparse del pecho.
Brindamos de nuevo, los cuatro vasos en alto -¿está vez por qué?-, -esta vez por ti guapa- dijo golpeando el vaso y haciendo fondo blanco, al terminar tomó mi rostro con ambas manos para darme un beso.
Sentí un escalofrío recorrerme la columna. Escuché el mudo asombro de ellos. Con ese silencio desaparecieron: estaban ahí, pero no para nosotras.
Me gustan los besos de mujer, son calmos, húmedos e intensos; las lenguas juegan y se entrelazan, no buscan penetrar la boca, sólo rozar y acariciar. Besar una mujer es como disfrutar de un durazno maduro y carnoso: pura dulzura y suavidad.
Dejamos que la tensión acumulada de toda la noche explotase en ese primer roce. Sentada enroscó sus piernas en mi cintura y me pegó contra sí; con los pechos bien juntos rozándose uno con otro deslizó una mano a directo mi entrepierna; sentí los dedos abrirse paso bajo el jean, sobre la ropa interior. El pudor se apoderó de mí, la sujeté con fuerza de los brazos y sin dejar de besarla me corrí levemente hacia atrás para demostrarle que no quería llegar tan lejos, pero no le importó. Me acercó nuevamente y dejó que su mano esta vez se deslice directamente sobre mi piel. La sensación de sus dedos delgados y fríos entre mi calor húmedo e inflamado fue exquisita; no quise resistirme y dejé que me tocase con gusto. Gemí como si nadie pudiese escucharnos.
Mientras más rápido me frotaba, más quería de ella; mis manos recorrían su espalda y mi boca buscaba su cuello. Decidí jugar la misma partida y le bajé el cierre del pantalón; ahora los dos dedos que lamí cargando de saliva se perdían dentro suyo. No recuerdo la música, creo que sonaba un jazz y de fondo los gemidos entrecortados de ambas.
Ellos contemplaban en silencio.
Mis manos desbordaban, quería tenerla toda, así, ahí mismo, por puta descarada, por emputecerme y exponerme a mí en ese mismo lugar.
La senté sobre la barra y subí hasta los hombros su blusa para dejarle los pechos al descubierto. La observé un instante y grabé la imagen en mi mente así como atesoré la sensación en mi recuerdo: hermosa y ebria, medio desnuda sobre la barra de un bar siendo follada por una desconocida ante un público atento. Vi mi papel en ese cuadro, roja después del orgasmo, enviciada de placer, con la cara de puta ante ojos que me redescubrían en ese lugar. Sentí una oleada de algo inexplicable, una mezcla de calentura, vergüenza, desenfado y morbo.
Le sujetaba desde abajo con firmeza las tetas, con la punta recorrí la aureola siguiendo el círculo que envuelve sus pezones, lamí los botones y les di golpecitos con la lengua. Alternaba entre un pecho y otro. -Qué guarra eres, me gustas bien puta- decía al tiempo que latía en mis dedos prácticamente a los gritos. Chupé con furia sus pezones, los dejé apenas entre mis dientes para que pueda sentir como la pellizcaba al mismo tiempo que hacía presión cada vez más adentro, con más fuerza. Chupé, lamí, succioné, mordí y disfruté hasta que con un muy agudo e intenso gemido, la humedad se desperdigó en mi mano.
Al finalizar la última exhalación logramos salir del trance -¿nos vamos?-.
Me tomó de la mano y nos alejamos del bar para perdernos en medio de la noche:
¡Taxi!
Hace mucho tiempo que no siento muchas de las sensaciones que relatás… probablemente haya tenido la cabeza en otro lado y cuando me encontraba con alguna mujer no podia apuntar bien al blanco e irme airoso con ella a algun lado.
Muchas noches de ni siquiera conseguir un beso y saborear labios ajenos.
Ahora ya consegui unos labios… me falta el resto… pero se presta ella para todo eso… calculo que antes o dps voy a sentir todas las sensaciones de vuelta…
me quedo con “Sentí una oleada de algo inexplicable, una mezcla de calentura, vergüenza, desenfado y morbo.” y claramente quiero decir lo mismo…
la verdad sirvio para salir de este estado somnoliento en ese momento… gracias
Te luciste en ese bar y en el relato. Algunos adjetivos me hicieron sentir el alcohol y la piel de mujer en mi boca
Ahora qué hago?
sos una genia. no se si fue verdad o no pero escribis alucinante
Rulo: hay una falsa creencia que a las mujeres hay que “apuntarles al blanco”. Te recomiendo que seas más observador, que tomes un poco de distancia para poder escapar de un par de tetas y ver a la persona que hay detrás, darte el lujo de elegir si te gusta o no y ver que pasa del otro lado. Así se empieza, eso y dejarte llevar un poco. A las mujeres nos gusta que nos lleven.
Oscuro: ¿se sienta en la barra y espera?
Jack: Es real si vos lo creés; es real si te inspira a desear más y te lleva a hacerlo. En el arte de escribir seguimos mejorando para usted, muchas gracias.
Yo quiero una situación así perra infiel! jaja
Bretel que hermosa palabra, hoy me la has enseñado, gracias!